Capítulo 2 – Ofrendas Ardientes

Aquí tenéis el capi 2 completo.   🙂


Larry se sentó con mucho cuidado en el asiento de pasajeros de mi Jeep. Es difícil sentarse en un coche cuando tu espalda tiene puntos recién dados. Había visto la herida. Tenía un largo y grueso corte sangriento. Dos heridas, exactamente. Todavía llevaba puesta la camiseta azul con la que había ido, pero la espalda estaba desgarrada y ensangrentada. Estaba impresionada por cómo había impedido que las enfermeras se la cortaran. Tenían la tendencia de cortar toda la ropa que se pusiera en su camino.

Larry tiró del cinturón de seguridad, tratando de encontrar una posición cómoda. El pelo rojo y corto había sido nuevamente recortado, tanto que casi no notabas los rizos. Medía casi el metro sesenta y cinco, era algo más alto que yo. Se había licenciado en biología preternatural en mayo, pero entre las pecas y las pocas arrugas de expresión en sus ojos azul claro, parecía estar más cerca de los dieciséis que de los veintiuno.

Había estado tan distraída mirándole retorcerse, que me había pasado la desviación a la I-270. Estábamos atrapados en Ballas hasta que llegáramos a Olive. Era justo antes del almuerzo y Olive estaría llena de gente apiñada, tratando de introducir a la carrera comida en la boca para volver lo antes posible al trabajo.

―¿Tomaste los calmantes? ―pregunté.

Intentó sentarse de otra forma, con un brazo rígido al borde del asiento.

―No.

―¿Por qué no?

―Porque esas cosas me dejan fuera de combate. No quiero dormir.

―Dormirse   drogado   no   es   lo   mismo   que  dormirse  de  forma  natural ―indiqué.

―No, los sueños son peores ―contestó.

Me había pillado.

―¿Qué pasó, Larry?

―Estoy sorprendido de que hayas esperado todo este tiempo para preguntar.

―Yo también, pero no quería preguntar delante del médico. Si comienzas a hacer preguntas al paciente, tienden a alejarse y tratar al siguiente. Quería saber la gravedad de la herida que el médico te cosió.

―Sólo algunas puntadas ―explicó.

―Veinte ―apunté.

―Dieciocho ―matizó.

―Redondeaba.

―Confía en mí, no tienes que redondear ―hizo una mueca al hablar―. ¿Por qué duele tanto? ―preguntó.

Podría haber sido una pregunta retórica, pero le contesté de todos modos.

―Cada vez que mueves un brazo o una pierna, estas moviendo músculos de la espalda. Moviendo la cabeza mueves los hombros y esto provoca un movimiento en los músculos de la espalda. Nunca aprecias tu espalda hasta que pasa algo así.

―Genial ―comentó.

―Basta de trucos, Larry. Dime lo que pasó.

Nos detuvimos detrás de una larga fila de coches que llegaba hasta las luces de Olive. Estábamos atascados entre dos pequeños centros comerciales. El de nuestra izquierda tenía fuentes y el V. J.’s Tea and Spice donde compraba todo mi café. A nuestra derecha estaba Streetside Records y un restaurante chino. Si subías a Ballas a la hora del almuerzo, siempre tenías tiempo de analizar las tiendas a ambos lados.

Sonrió, luego hizo una mueca.

―Tenía dos cuerpos para ejecutar. Ambas víctimas de vampiro que no querían levantarse como tales.

―Recuerdo que deseaban morir. Últimamente has estado haciendo la mayor parte de esos casos.

Afirmó, luego se congeló a mitad del gesto.

―Incluso asentir con la cabeza me duele.

―Y mañana te dolerá más.

―Caramba, gracias, jefa. Necesitaba saberlo.

Me encogí de hombros.

―Mentirte no hará que te duela menos.

―¿Nadie te ha dicho alguna vez que tu tacto con los enfermos apesta?

―Mucha gente.

Hizo un pequeño sonidode hmph.

―Ya me parecía. De todas formas, ya había terminado y estaba recogiendo cuando una mujer llegó con otro cuerpo. Era un vampiro sin orden judicial.

Le eché un vistazo, frunciendo el ceño.

―No le harías nada al cuerpo sin haber cumplido con todo el papeleo, ¿verdad?

Me miró con el ceño fruncido.

―Por supuesto que no. Les dije que si no había orden judicial, no habría vampiro muerto. Estacar a un vampiro sin una orden judicial es asesinato, y no voy a hacerme responsable porque alguien olvidó los trámites. Se lo dije a ellos claramente.

―¿Ellos? ―inquirí. Avancé por el tráfico, un poco más cerca de la luz.

―El otro asistente de la morgue había ido con ellos. Salieron en busca de la orden perdida. Me dejaron con el vampiro. Era por la mañana. No iba a ir a ninguna parte. ―Intentó apartar la mirada y no encontrarse con mis ojos, pero le dolió. Al final, me tuvo que mirar enfadado―. Salí por un cigarrillo.

Le miré y tuve que pisar los frenos de golpe cuando el tráfico se detuvo. Larry fue arrojado contra el cinturón de seguridad. Gimió, y cuando terminó de retorcerse en el asiento, dijo:

―Lo hiciste a propósito.

―No, no lo hice, pero tal vez debería haberlo hecho. Dejaste a un vampiro solo. Un vampiro, que podría haber tenido los suficientes asesinatos en su historial para merecer una orden judicial de ejecución, solo, en el depósito de cadáveres.

―No fue sólo el cigarrillo, Anita. Sencillamente, el cuerpo estaba allí, sobre la camilla. No estaba encadenado o atado con correas. No había cruces en ninguna parte. He hecho ejecuciones. Envuelven a los vampiros con cadenas de plata y cruces hasta que es difícil encontrarle el corazón. Sencillamente, había algo mal. Quería hablar con la médico forense. Tiene que aprobar a todos los vampiros antes de la ejecución, o lo hace alguien más. Además, la ME fuma. Calculé que podríamos volver juntos a su oficina.

―Y… ―dije.

―No estaba fuera, así que regresé a la morgue. Cuando llegué, la encargada intentaba clavar una estaca en el pecho del vampiro.

Tuvimos suerte de estar detenidos en un atasco. Si hubiéramos estado en movimiento, me habría estrellado contra alguien. Le observé.

―Dejaste tu equipo de trabajo sin vigilancia.

Logró parecer avergonzado y furioso al mismo tiempo.

―Mi equipo no incluye escopetas como lo hace el tuyo, así que creí que nadie se acercaría a él.

―Mucha gente roba cosas del bolso sólo de recuerdo, Larry. ―El tráfico comenzó a avanzar lentamente y tuve que concentrarme en mirar hacia delante, en lugar de a su cara.

―Sí, sí, me equivoqué. Sé que me equivoqué. La agarré por la cintura y la aparté del vampiro. ―Deslizó los ojos hacia abajo, sin mirarme. Ésta era la parte que me cabrearía, o la que él pensaba que me enfadaría―. Le di la espalda para comprobar al vampiro. Para asegurarme que no le había hecho daño.

―Te atacó por la espalda ―dije.

Avanzábamos poco a poco, pero avanzábamos. Ahora estábamos atrapados entre Dairy Queen y Kentucky Fried Chicken a un lado, y un concesionario de coches Infiniti y una gasolinera al otro. El paisaje no mejoraba.

―Sí, sí. Debió pensar que estaba fuera de combate, porque me dejó y volvió al vampiro. La desarmé, pero todavía intentaba llegar al vampiro cuando el otro asistente entró. Nos costó un enorme trabajo inmovilizarla. Estaba loca, desquiciada.

―¿Por qué no sacaste el arma, Larry?

El arma debía estar en su equipo de ejecución, porque una pistolera de hombro y su herida no casaban. Pero iba armado. Le había llevado al campo de tiro y a pequeñas cacerías de vampiros hasta que estuve segura de que no se pegaría un tiro en el pie.

―Si hubiera sacado mi arma, podría haberle disparado.

―Eso hubiera estado cerca del asunto, Larry.

―Ese es exactamente el punto ―contestó―. No quería dispararle.

―Podría haberte matado, Larry.

―Lo sé.

Agarré el volante lo suficientemente fuerte como para cambiar el color de mi piel; blanca y rosa. Solté un largo suspiro y traté de no gritar.

―Obviamente no lo sabes, o habrías tenido más cuidado.

―Estoy vivo, y ella no está muerta. El vampiro no tiene ni un rasguño. Todo salió bien.

Salí de Olive y empecé a ir hacia la 270. Teníamos que dirigirnos al norte, hacia St. Charles. Larry tenía un piso allí. Era un paseo de alrededor de veinte minutos; hoy por ti, mañana por mí. Su piso tenía vistas a un lago donde los gansos anidaban en primavera y se congregaban en invierno. Richard Zeeman, profesor de ciencias de secundaria, hombre lobo alfa, y en aquel entonces, mi novio, le había ayudado a trasladarse. A Richard le había gustado de verdad que los gansos anidaran justo bajo el balcón. A mí también.

―Larry, vas a tener que deshacerte de esos escrúpulos, o acabarás muerto.

―Seguiré haciendo lo que pienso que es correcto, Anita. Nada que puedas decir me hará cambiar de opinión.

―Mierda, Larry. No quiero tener que enterrarte.

―¿Qué habrías hecho tú? ¿Dispararle?

―No le habría dado la espalda, Larry. Probablemente, podría haberla desarmado, o haberla mantenido ocupada hasta que el otro asistente llegara. No habría tenido que pegarle un tiro.

―Dejé que el asunto se me fuera de las manos ―concluyó.

―Tus prioridades estaban invertidas. Deberías haber neutralizado la amenaza antes de comprobar a la víctima. Vivo, podrías ayudar al vampiro. Muerto, sólo serías otra víctima.

―Bueno, al menos tengo una cicatriz que tú no tienes.

Sacudí la cabeza.

―Tendrás que intentarlo más si quieres tener una cicatriz que yo no tenga.

―¿Has dejado que un humano te clave una de tus estacas en la espalda?

―Dos humanos con múltiples mordiscos a los que solía llamar siervos humanos antes de que supiera el verdadero significado del término. Inmovilicé a uno y le apuñalé. La mujer me atacó por la espalda.

―Pero lo tuyo no fue un error ―comentó.

Me encogí de hombros.

―Podría haberles disparado en cuanto les vi, pero en aquel entonces no mataba humanos tan fácilmente. Aprendí la lección. Sólo porque no tienen colmillos, no significa que no puedan matarte.

―¿Eras    escrupulosa    a    la   hora   de   disparar   a   los  siervos  humanos? ―preguntó Larry.

Giré en la 270.

―Nadie es perfecto. ¿Por qué la mujer intentaba con tanto ahínco matar al vampiro?

Sonrió abiertamente.

―Te va a encantar. Ella es miembro de Humanos Primero. El vampiro era un médico del hospital. Se había metido en un armario de ropa. Era donde siempre dormía durante el día si tenía que quedarse hasta demasiado tarde en el hospital para conducir hasta casa. Sólo lo colocó en una camilla y lo bajó al depósito.

―Estoy sorprendida de que no le expusiera a la luz del sol directamente. Los últimos rayos del día funcionan tan bien como los del mediodía.

―El armario de ropa que usaba estaba en el suelo del sótano, por si acaso alguien abría por error la puerta durante el día. Sin ventanas. Ella tendría miedo de que alguien la viera antes de que pudiera subirse al montacargas y salir.

―¿De verdad pensó que lo ejecutarías sin más?

―Supongo. No lo sé, Anita. Estaba loca, realmente loca. Nos escupió a nosotros y al vampiro, diciendo que nos pudriríamos todos en el infierno. Que teníamos que limpiar el mundo de monstruos. Los monstruos iban a esclavizarnos a todos. ―Larry tembló, luego frunció el ceño―. Pensé que Humanos Contra Vampiros era bastante malo, pero este grupo, Humanos Primero, da miedo de verdad.

―HCV intenta trabajar dentro de la ley ―indiqué―. Humanos Primero no finge que le importe. Reivindicaron haber estacado a aquel alcalde vampiro de Michigan.

―¿Reivindicaron? ¿No les crees?

―Creo que lo hizo alguien de su querido y cercano entorno.

―¿Por qué?

―La policía me envió una descripción y algunas fotos de las medidas de seguridad que él había tomado. Humanos Primero pueden ser radicales, pero aún no están bien organizados. Habrían tenido que planear, y tener mucha suerte, para llegar a ese vampiro durante el día. Se tomaba, como muchos antiguos, muy en serio su seguridad diurna. Creo que, quienquiera que fuera, es feliz dejando a los radicales derechistas cargar con la culpa.

―¿Le dijiste a la policía lo que sospechabas?

―Claro. Por eso preguntaron.

―Estoy sorprendido de que no te hayan hecho bajar y verlo en persona.

Me encogí de hombros.

―No puedo ir personalmente a cada delito preternatural. Además, técnicamente soy una civil. Los policías son algo suspicaces con eso de implicar civiles en sus casos, pero lo más importante era que los medios estarían por todas partes: La Ejecutora Judicial Soluciona el Asesinato Vampiro.

Larry sonrió abiertamente.

―Es un delicado titular para ti.

―Desafortunadamente ―dije―, también creo que el asesino es humano. Creo que es alguien que estaba cerca de él. Se parece a cualquier asesinato bien planeado, excepto que la víctima es un vampiro.

―Sólo  tú  harías  que  un  asesinato  de vampiro de libro pareciera ordinario ―comentó Larry.

Tuve que sonreír.

―Supongo. ―Mi busca sonó, y salté. Saqué el maldito aparato de la falda y lo sostuve donde pudiera ver el número. Lo miré ceñuda.

―¿Qué ocurre? ¿Es la policía?

―No. No reconozco el número.

―Nunca das tu número de busca a desconocidos.

―Soy consciente de ello.

―Oye, no seas tan gruñona conmigo.

Suspiré.

―Lo siento.

Larry estaba reduciendo lentamente mi nivel de agresividad. Estaba, a fuerza de repetir, enseñándome a ser más agradable. Cualquier otro, y su cabeza, habrían servido de alimento en una cesta. Pero Larry lograba pulsar los botones adecuados. Podría regañarme para que fuera más agradable y no le golpearía. La base de una fructífera relación.

Estábamos a unos pocos minutos del piso de Larry. Le metería en la cama y contestaría la llamada. Si no era la policía, o un alzamiento de zombis, iba a enfadarme. Me molestaba que sonara si no era importante. Es para lo que sirven los buscas, ¿no? Si no era un asunto importante, iba a caer sobre toda persona responsable. Con Larry dormido podría ser tan desagradable como quisiera ser. Casi era un alivio.

Cadena de tiendas de música.

Médico forense.

Cadena de helados y restaurantes de comida rápida.

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~ por lectorascompulsivas en 24 noviembre 2009.

13 comentarios to “Capítulo 2 – Ofrendas Ardientes”

  1. Que lo disfruteis. 🙂

  2. Muchas gracias!!!!

  3. De nada, wapa!!! 🙂

  4. Pienso resistirme a la tentación….no lo voy a mirar, no lo voy a mirar, que luego me engancho y entro 60 veces al día para mirar si hay novedad…

  5. yo tampoco!! xD Hasta que no esté entero no lo pienso leer, porque si no… jajaja

  6. Jajaja, eso es fuerza de voluntada, jejeje. 🙂

  7. Buff… yo lo he intentado con algunos, pero al final siempre pico.Jajajajajaja!!!
    Y me desespero, claro. Y pienso, si no lo hubiera empezado a leer, no sabría q… y q… y q… y ahora no estaría…
    Jajajaja!!

  8. a mi me pasa igual aunque intente resistirme siempre termino picando jeje ademas que esta saga me tiene enganchadisima. Que ganas de poder leerlo entero me habeis dejado con muchisima curiosidad despues de este aperitivo de dos capitulos 🙂

  9. Y la historia se pone mucho mas interesante, jejeje. 🙂

  10. Ya estamos, poniendo los dientes largos 😉

  11. Jijiji, solo aviso de lo que nos espera, jijii.
    😉

  12. Sip, muuuuuuy interesante. Jajajajaja!! Pero es q no podía ser de otra manera… se trata de Anita!!!

  13. Sip, jijiji. 🙂

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