Capítulo 4 – Ofrendas Ardientes

Capi nuevo, que lo disfruteis.


Mi segunda sala de emergencias en menos de dos horas. Era un día memorable hasta para mí. La buena noticia era que ninguna de las heridas era mía. La mala, que esto podría cambiar. Alfa o no, Zane era un cambiaformas. Eran capaces de levantar el peso equivalente a un elefante pequeño. No iba a luchar cuerpo a cuerpo con él. No sólo perdería, sino que probablemente me arrancaría el brazo y se lo comería. A la mayoría de los licántropos les gustaba intentar pasar por humanos. No estaba segura de que a Zane le hiciesen sudar esos pequeños detalles.
Seguía sin querer matar a Zane si no tenía que hacerlo. No era por piedad. Era por el hecho de que me obligaría a hacerlo en público. No quería ir a la cárcel. Que me preocupara más el castigo que el delito decía algo sobre mi moral. Algunos días pensaba que me estaba convirtiendo en una sociópata. Otros días creía que ya lo era.
Siempre llevaba balas de plata en mi arma. La plata funcionaba con los humanos, así como con los seres más sobrenaturales. ¿Por qué seguir usando munición normal cuando sólo funciona con humanos y unas cuantas criaturas? Hace unos meses me encontré con un fairie que estuvo malditamente cerca de matarme. La plata no funciona con las hadas, pero el plomo normal sí lo hizo. Así que me he habituado a guardar un cargador de repuesto con balas normales en la guantera. Retiré las balas de plata de las dos primeras rondas de mi cargador y las sustituí por plomo. Lo que significaba que tenía dos balas para disuadir a Zane antes de que le matara. Porque sin duda alguna, aunque siguiera acercándose después de que le hubiera disparado dos tiros de seguridad Glazer ―que duelen como el infierno―, se curaría del daño. La primera bala de plata no iba a ser disparada para herir.
No fue hasta que pasé por las puertas que caí en que no sabía el apellido de Nathaniel. Y el nombre de Stephen no iba a ayudarme. Maldición.
La sala de espera estaba abarrotada. Mujeres con bebés llorosos, niños corriendo entre las sillas libres, un hombre con un trapo ensangrentado alrededor de la mano, personas sin heridas visibles mirando al vacío. Stephen no estaba a la vista en ningún sitio.
Gritos, sonido de un cristal rompiéndose, y sonido de metal cayendo al suelo. Una enfermera salió por el pasillo más alejado.
―¡Llamad por refuerzos, ahora!
Otra enfermera detrás del escritorio de entrada pulsó algunos botones en el teléfono.
Llámalo presentimiento, pero apostaba a que sabía donde estaban Stephen y Zane. Presenté mi identificación a la enfermera.
―Estoy en la Brigada Regional de Investigación Preternatural. ¿Puedo ayudar?
La enfermera me agarró del brazo.
―¿Es usted policía?
―Estoy con la policía, sí. ―Ser evasiva era mejor. Como civil adjunta a una unidad policial, aprendes a hacerlo.
―Gracias a Dios. ―Comenzó a llevarme hacia el ruido.
Tiré hasta soltar el brazo y saqué el arma. Sin seguro, apuntando al techo, lista para disparar. Con la munición normal no habría apuntado al techo, no en un hospital lleno de pacientes encima de mí, pero las Rondas de Seguridad Glazer no son llamadas así por nada.
Las salas de atrás eran como todas las salas de emergencia en las que había estado alguna vez. Las cortinas colgaban de barras metálicas; de esa forma se podía dividir la sala en espacios más pequeños para examinar a los pacientes. Uno de los grupos de cortinas estaba cerrado, pero los pacientes se estiraban para mirar fijamente el espectáculo a través de ellas. Una pared dividía el espacio a mitad del pasillo, por lo que no había mucho que ver.
Un hombre, que lleva puesto un pijama verde de quirófano, salió volando desde el otro lado de esa pared. Emitió un crujido contra el panel de enfrente, se deslizó pesadamente hacia el suelo y se quedó muy quieto.
La enfermera que estaba conmigo corrió hacia él y la dejé ir. Lo que estaba más allá, lo que lanzaba médicos como si fueran juguetes, no era trabajo de matasanos. Era un trabajo para mí. Dos figuras más, con pijamas de quirófano, se encontraban en el suelo; un hombre y una mujer. La mujer estaba despierta, con los ojos muy abiertos. Su muñeca estaba en un ángulo de cuarenta y cinco grados; rota. Vio mi identificación sujeta en la chaqueta.
―Es un cambiaformas. Tenga cuidado.
―Sé lo que es ―le dije bajando un poco el arma.
Sus ojos se sobresaltaron y no fue de dolor.
―No dispare en mi sala de trauma.
―Lo intentaré ―contesté moviéndome por delante de ella.
Zane salió al pasillo. Nunca había visto a Zane, pero ¿quién más podía ser? Llevaba a alguien en brazos. Al principio creí que era una mujer porque el brillante pelo castaño era largo, pero el trasero expuesto y los hombros eran demasiado musculosos, demasiado masculinos. Tenía que ser Nathaniel. Cabía fácilmente en los brazos del otro hombre más alto.
Zane medía aproximadamente metro ochenta, alto y delgado. Su estrecho y pálido torso estaba cubierto únicamente por un chaleco de cuero negro. El pelo era tan blanco como el algodón, corto en los laterales, con la parte de arriba larga y en punta.
Abrió la boca y me gruñó. Tenía colmillos superiores e inferiores, como un gran gato. ¡Jesús!
Le apunté con el arma y solté el aire de mi cuerpo hasta que me mantuve inmóvil y tranquila. Apuntaba a la línea por encima del hombro de Nathaniel, aún un bulto. A esa distancia le daría.
―Sólo lo diré una vez, Zane. Suéltale.
―¡Es el mío, mío! ―Dio varias zancadas a lo largo del pasillo y disparé.
La bala le hizo detenerse a mitad de camino y tambalearse sobre las rodillas. El hombro al que había disparado dejó de funcionar y Nathaniel se deslizó por sus brazos. Zane se levantó, con el hombre más pequeño metido bajo la extremidad buena, como una muñeca. La carne del hombro ya estaba cicatrizando, reconstruyéndose a sí misma, como una imagen a cámara rápida de la apertura de una flor.
Zane podía haber intentado pasar por delante de mí, usar su velocidad, pero no lo hizo. Simplemente continuó andando, como si no creyera que le fuera a hacer nada. Debería haberlo creído.
La segunda bala de plomo le acertó en el pecho. La sangre se extendió por la pálida piel. Cayó de espaldas arqueando la columna, luchando por respirar, con un agujero del tamaño de un puño en el pecho. Fui hacia él, sin correr pero sin perder tiempo.
Caminé alrededor del cuerpo, fuera del alcance del brazo, y me coloqué lateralmente un poco atrás. El hombro que había disparado aún estaba sin fuerza, y su otro brazo estaba atrapado bajo el cuerpo de Nathaniel. Zane se quedó sin aliento, con los ojos marrones enormes.
―Plata, Zane, el resto de las balas son de plata. Un solo disparo y esparciré tus sesos por todo este agradable y limpio suelo.
Finalmente logró decir con voz entrecortada:
―No. ―La sangre le cubrió la boca, derramándose por la barbilla.
Le apunté el arma a la cara, por encima de las cejas. Si apretaba el gatillo… adiós. Me quedé con la mirada fija en el hombre al que nunca había visto antes. No me parecía joven, tampoco estaba cerca de la treintena. Un gran vacío me llenó. Fue como estar dentro de un silencio ahogado. No sentía nada. No quería matarle, pero no me preocupaba si lo hacía. No tenía importancia para mí. Sólo era importante para él. Dejé que ese pensamiento me cubriera los ojos. Que no me importara ni una cosa, ni la otra. Le dejé verlo porque él era un cambiaformas y entendería lo que le mostraba. La mayoría de las personas no lo harían. La mayoría de las personas cuerdas, al menos.
Hablé:
―Vas a dejar a Nathaniel en paz. Cuando la policía llegue, vas a hacer todo lo que te digan que hagas. Sin discusiones, sin peleas, o te mataré. ¿Me has entendido, Zane?
―Sí ―dijo, y más sangre fluyó de su boca. Comenzó a llorar. Las lágrimas se deslizaban por la cara manchada de sangre.
¿Llorar? No se suponía que los tipos malos llorasen.
―Estoy tan contento de que haya venido ―comentó―. Intenté cuidar de ellos, pero no pude. Intenté ser Gabriel, pero no podía sustituirle. ―Su hombro se había curado lo suficiente como para cubrirse los ojos con la mano, para que no le viésemos llorar. Pero su voz sonaba pesada por las lágrimas, así como por la sangre―. Estoy tan contento de que haya venido, Anita. Estoy tan contento de que ya no estemos solos.
No sabía que decir. Me pareció mala idea negar que yo fuera a ser su líder cuando había cuerpos cubriendo el suelo de la sala. Si rehusaba esa oferta, podría volverse agresivo de nuevo y tendría que matarle. De repente comprendí, casi como algo parecido a una descarga física, que no quería matarle. ¿Era por las lágrimas? Tal vez. Pero era más que eso. Era por el hecho de que había matado a su alfa, su protector, y nunca había desperdiciado ni un solo pensamiento sobre lo que eso podría causar al resto de los hombres leopardo. Nunca se me había ocurrido que no hubiera un segundo jefe, nadie para cubrir el puesto de Gabriel. Seguramente yo no podía ser su alfa. No me volvía peluda una vez al mes. Pero si esto impedía a Zane golpear a más médicos, le seguiría la corriente durante un rato.
Para cuando los policías llegaron, Zane ya estaba curado. Se había enroscado todavía llorando alrededor del cuerpo inconsciente de Nathaniel, como si fuera un osito de peluche. Le acariciaba el pelo a Nathaniel mascullando repetidas veces:
―Ella nos mantendrá seguros. Ella nos mantendrá seguros. Ella nos mantendrá seguros.
Creo que el «ella» era yo, y yo estaba a punto de perder la cabeza.

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~ por lectorascompulsivas en 11 enero 2010.

10 comentarios to “Capítulo 4 – Ofrendas Ardientes”

  1. HEYYYYY!!!

    muchas gracias x l capítulo!!!

    una gran noticia cuando pasé por aqui y lo vi jijijij

  2. De nada, wapa,me alegro que haya sido una grata sorpresa. 😉

  3. Holaa!!! una pregunta, estos caps de k libro son??? del 10??

  4. Buenas…
    Sin lugar a dudas sois las mejores traduciendo…^^
    Me he descargado de la red otros libros traducidos y os aseguro que son incomprensibles jejej.
    La utilización gramatical que tiene es de pena.. jejej vamos que no saben ni formar una frase… yo de Inglés mal, la verdad y entiendo que al traducir no puede ser literalmente, pero por lo menos que se pueda leer jejeje
    Así que muchisimas gracias por todo, por hacer que llegue hasta nosotras este gran saga de libros… que si fuera por la editorial gigamesh aún ibamos por el tercer tomo!! ¬¬

    Por cierto, el libro de Danza Macabra se sale… es tremendo me quede sin palabras.. y no era capaz de dejar de leer, sin duda para mi gusto, el mejor hasta el momento.
    De nuevo gracias ^^

  5. Olaaaaaaa!!
    Muuchas graciiaS por todos los libros y capitulos q habeis estado traduciendo. Soys muy buenas 🙂
    Por cierto, cuanto tiempo vaais a tardar en traducir Ofrendas Calcinadas al completo¿?
    yo espero q poco xq me e qedaao a mitad leyendolo XD
    buueno, ansio q podais traducir prontito todos los libros xq realmente me e nganchado a Anita Blake 😉
    Un beeSaaZo!! y graciias otra veez!!

    • Muchisimas gracias por tu comentario, ViiCky. Esperamos no tardar mucho mas, la verdad, hemos estado liadas con exámenes y algunas cosillas mas, pero esperemos que no se demore mucho mas. Besotes wapa.

  6. Ah, que se llama Ofrendas calcinadas!! Yo pensé que se llamaba Promesas calcinadas (cosa que no tiene lógica). Pues nada, chicas, espero que disfruteis del veranito y que pronto podamos ver un capítulo más. Y suerte con la nota de los exámenes!!

  7. Gracias wapa. 🙂

    Acabo de subir tres capis seguidos por la espera, y en agradecimiento a vuestra paciencia. 😉

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